Septiembre, Octubre, Noviembre
Si Septiembre fuese un hombre,
yo me casaría.
Me levanté esta mañana pensando sólo en aquella frase que me había aparecido en sueños justo antes del estallido del despertador. Me dio vueltas en la cabeza un rato más, mientras me lavaba los dientes, me enjuagaba la cara con mucha agua helada y me miraba por fin en el espejo, blanca como una hoja de papel en la que dos manchones de tinta habían caído, y de los cuales se esperaba algún texto más interesante con el correr del día.
Volví al cuarto, alcancé con la mano la misma pollera del día anterior, sin pensarlo siquiera; me viene pasando de un tiempo a hoy, que ni quiero pensar en qué me pongo, siempre y cuando esté limpio y no me dé ni mucho frío ni mucho calor. Así: tibieza, cobardía, afecto y nada más, como lo que me puede dar una pareja como las que he venido cosechando desde que tengo memoria. Mientras tanto, yo seguía jugando con la idea de Septiembre siendo un hombre y yo casándome con Septiembre. Claro que siempre estuve secretamente enamorada de Octubre, pero eso queda feo decirlo. Octubre es un mes complicado, un mes con algo de prohibitivo para el amor. Alguien que encontró el amor en Octubre quedó fuera de la cursilería del día de la Primavera, encontró el amor de prestado: como yo.
A lo mejor dejaría a Septiembre plantado en el altar y me escaparía con Octubre. O dejaría pasar la oportunidad con Septiembre por estar empecinada en conquistar a Octubre, que nunca sería mío. Entonces finalmente tendría que conformarme con Noviembre. Noviembre es el mes de los concebidos en vacaciones de verano, cuando el ocio y el calor no dejan excusas a las parejas que ya no se soportan para no pasar más tiempo en la cama.
Salud, Noviembre...
feliz cumpleaños para mí, y hasta que la muerte nos separe.
yo me casaría.
Me levanté esta mañana pensando sólo en aquella frase que me había aparecido en sueños justo antes del estallido del despertador. Me dio vueltas en la cabeza un rato más, mientras me lavaba los dientes, me enjuagaba la cara con mucha agua helada y me miraba por fin en el espejo, blanca como una hoja de papel en la que dos manchones de tinta habían caído, y de los cuales se esperaba algún texto más interesante con el correr del día.
Volví al cuarto, alcancé con la mano la misma pollera del día anterior, sin pensarlo siquiera; me viene pasando de un tiempo a hoy, que ni quiero pensar en qué me pongo, siempre y cuando esté limpio y no me dé ni mucho frío ni mucho calor. Así: tibieza, cobardía, afecto y nada más, como lo que me puede dar una pareja como las que he venido cosechando desde que tengo memoria. Mientras tanto, yo seguía jugando con la idea de Septiembre siendo un hombre y yo casándome con Septiembre. Claro que siempre estuve secretamente enamorada de Octubre, pero eso queda feo decirlo. Octubre es un mes complicado, un mes con algo de prohibitivo para el amor. Alguien que encontró el amor en Octubre quedó fuera de la cursilería del día de la Primavera, encontró el amor de prestado: como yo.
A lo mejor dejaría a Septiembre plantado en el altar y me escaparía con Octubre. O dejaría pasar la oportunidad con Septiembre por estar empecinada en conquistar a Octubre, que nunca sería mío. Entonces finalmente tendría que conformarme con Noviembre. Noviembre es el mes de los concebidos en vacaciones de verano, cuando el ocio y el calor no dejan excusas a las parejas que ya no se soportan para no pasar más tiempo en la cama.
Salud, Noviembre...
feliz cumpleaños para mí, y hasta que la muerte nos separe.

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